Tener un instante con las obras de Buster Keaton, bondad de esta era de tecnología, resulta siempre un privilegio. A los ojos de muchos, entre los que me cuento, su calidad está por encima de sus pares contemporaneos (léase Chaplin y Lloyd).Pero acercarse a una dimensión real del artista resulta necesariamente un camino dificil en donde hay que "pasar por encima" de su titánica figura para llegar a un hombre que tenía claro sus objetivos, que evidenció el compromiso profesional hasta en las instancias fuera del set y de la cámaras... y a quien la historia le está dando su justo lugar con el pasar de los años.
Era hijo de padres acróbatas y fué apodado Buster por el mismísimo Harry Houdini al verle caer de espaldas a muy temprana edad y levantarse como si nada. Legó momentos e ideas que aun hoy en día son aprovechados en los más variados personajes y situaciones, evidenciando su vigencia y maestría. Un SEÑOR, así en mayúsculas, quien pasó por momentos oscuros y logró superarlos; enfrentó la subestimación y la desconsiderada manipulación de la industria del cine para terminar reclamando su lugar en el olimpo de nuestra imaginación.

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